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| Proyectante de Sombra |
1993 |
| (Iluminaciones
Profanas. La tarea del Arte. Arteleku, San Sebastian y Galería
Elba Benitez, Madrid) |
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Su título hace referencia
a una de las notas de Duchamp del infra-leve
Sociedad anónima
de los proyectantes / de sombra / representada por todas / las
fuentes de luz / (sol, luna, estrellas, velas, fuego - / incidentalmente:
/ diferentes aspectos / de la reciprocidad - asociación
/ fuego-luz / (luz negra, / fuego sin humo = ciertas / fuentes
de luz / los proyectantes de sombra / trabajan en lo infra -
leve
La pieza se percibía inicialmente
como la iluminación uniforme y recortada de una de las paredes
de la sala. Nada nos mostraba la luz, únicamente una de sus
aporías, pues la luz nos muestra las cosas ocultando su presencia,
vemos los objetos iluminados no los rayos de luz que van al objeto,
ni los que van a los ojos. En la pared queda oculto por la luz un
texto realizado con pintura fosforescente y que ocupa toda su extensión,
el texto permanece imperceptible debido a la fuerte iluminación.
Una luz que profana su propio significado en la voluntad de ocultar
con sus rayos el elemento que en sí mismo es agente esclarecedor:
el lenguaje.
En el espacio se disponen dos sensores
que determinan un umbral de actividad, es decir, cuando el espectador
atraviesa el umbral se activa el dispositivo que apaga el foco,
entonces, las palabras invisibles que recorren el espacio iluminado
podrán revelar sus verdaderas formas en la oscuridad, pero
sólo por un breve lapsus de tiempo. Tal como dice Proust,
en su texto Sobre la lectura. |
| "¡Observa!
¡Aprende a ver! Y en ese mismo instante desaparece. Tal es el
valor de la lectura y ésta es también su insuficiencia."
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| Es
importante mencionar el valor relevante que poseen los sensores
como dispositivo mediador que alterna el paso de una situación
a otra, en definitiva el incitador del cambio. No hay ordenación
de tiempos, ni tipos de variación, sólo segmentos
invisibles en el espacio que constituyen el umbral por encima del
cual habrá diferencia y por debajo del cual habrá
uniformidad. Es como una red secreta según la cual el silencio
espera el momento para hablar; son los sensores los que delimitan
la zona de penumbra aparentemente inactiva y que sin mostrar nada
que reclame nuestra atención, contienen el plano de inmanencia
de la obra. Todo queda como un vacío de espera o un vacío
a la espera de que alguien consciente o inconscientemente rompa
el silencio y permita por unos instantes mostrar la palabra, luego
nos deja al servicio de la memoria, del leve registro de los sentidos.
Y así, en dos tiempos desiguales se entrecruzan la nada con
un algo fugaz que no es más que fosforescencia química,
artificio que regula la posibilidad dual, su repetición y
la revelación casi mágica de la presencia del lenguaje
que se dibuja en el oscurecimiento. Palabras que se reenvían
en un discurso de combinaciones múltiples, matemáticas
y se muestran como dispersión entrópica cuyo significado
oscila de un extremo a otro superando nuestra capacidad de lectura
y casi nuestra capacidad de mirada. Tanto el tiempo sucesivo de
la iluminación inmóvil como el intermitente del vistazo
al texto se ven despojados de su duración, sacados del tiempo
real y comprimidos en un instante de atención. No hay una
percepción directa, inmediata sino un acto de captura. Cuando
el espectador fija su mirada en proyectante de sombra y sólo
ante el empeño, se puede mantener la mirada a la espera de
que el texto indiferenciado vuelva a mostrase de nuevo posibilitando
el rescate de algún fragmento más.
Este proyecto se desarrolló
en el contexto de una exposición colectiva, titulada "Iluminaciones
profanas. La tarea del arte", y se adaptaba a las necesidades
de espacio e iluminación del conjunto de la exposición.
Se englobaría dentro de lo que se denomina Site-specific,
creado específicamente para un lugar y respondiendo a sus
características, con la salvedad de que no tiene existencia
material como objeto.
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