Amparo Carbonell |
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Levantaba de cuando en cuando la vista de mi lectura y miraba la tarde que iba apareciendo. El mar me enseñaba la línea del horizonte y podía percibir la sutil curva que separaba el agua del cielo. Las nubes se iban tiñiendo, poco a poco, del color del fuego, y el mar cada vez más blanco... |
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Volví a levantar la cabeza y miré ahora a la derecha, buscando el perfil distinto de Bernia a contraluz, o a contrafuego, pues el sol parecía estar prendiendo los jirones de pequeñas nubes que flotaban tras la sierra; el cielo azul purísimo, las nubes rojo intenso y una claridad violeta que resaltaba los matices de todos los objetos. Como un instante eterno, cada segundo se extendía en un tiempo infinito. No había terminado el siguiente párrafo y la tarde se había desplomado como un telón. Una claridad oscura envolvió en un momento el paisaje; ya no se distinguía el espacio entre el agua y el cielo, únicamente el perfil de la tierra sobre un fondo uniforme. Podía recorrer fácilmente toda la costa, cada curva, cada ángulo, como si deslizara los dedos sobre una piedra, sobre la Tierra. "La vista es el más perfecto de nuestros sentidos. Nos procura infinitamente más ideas, conversa con los objetos con mayor distancia, se usa más tiempo que los otros, sin que esta acción le aburra o le canse... La vista puede ser considerada como una especie de tocar más delicado y más amplio, que se extiende sobre una infinidad de cuerpos, abraza las figuras más grandes, y llega a algunas de las partes más alejadas del Universo." [1] Tuve que encender la luz para poder
seguir leyendo, y entonces ocurrió: el gran vidrio de la ventana
se presentó como un espacio virtual. Apareció de pronto,
mezclado con el mar, con el cielo y con las suaves curvas de las atalayas,
todo el espacio de la habitación en la que estaba. Moviendo ligeramente la cabeza conseguí
ver los troncos que ardían; ya no estaban en el hogar de la chimenea,
flotaban a dos palmos de los rosales recién podados y las llamas
desaparecían justo en el lugar donde hace un momento estaba la
línea del horizonte. ..."¡De cuantas sensaciones
deliciosas se vería privado el hombre si naciese sin ojos! Son tan necesarios a la vida que la naturaleza no los ha rehusado a ningún animal: sin su auxilio ni podríamos evitar los peligros que nos rodean, ni buscar y hallar fácilmente lo que nos agrada, o aquello de que tenemos necesidad. Los principales medios de recibir nuestros sentidos las impresiones de cuanto nos rodea son los nervios, en los cuales reside la sensibilidad. El del ojo se llama nervio óptico, y sale del cerebro como los de los demás sentidos, viniendo a terminar al centro del globo del ojo. La parte anterior de este globo se llama córnea transparente, en donde sobre una superficie convexa de cerca de siete líneas de longitud y cuatro de elevación, van a unirse sin el menor desorden todos los objetos que pueden percibirse. El iris es el círculo de varios colores que ocupa el centro de la córnea transparente, y en medio de él se encuentra un agujero redondo que llamamos niña o pupila, la qual se contrae a una fuerte luz, dexando un paso menor a los rayos de esta, cuyo resplandor conmovería de lo contrario con demasiada viveza a la retina. La contracción de la retina es fácil de observar principalmente en los gatos que la tienen estrecha y ovalada por el día, y de noche redonda y muy dilatada. La retina, que en forma se parece mucho a la monterilla de la bellota de encina, es la expansión de la parte interior del nervio óptico, y en ella van a pintarse los objetos después de haber pasado por la niña y por el cristalino, que es un cuerpo transparente, suspendido entre la niña y la retina. Todas estas partes dividen lo interior del ojo en tres
aposentos: EL PLACER DE MIRAR. MIRAR MIRADAS "Si eliminas las soluciones lógicas a un problema, lo ilógico, aunque imposible, es lo probablemente cierto". Sherlock Holmes Agonizante, Nexus, anunciaba que con
su propia desaparición lo harían también todos los
recuerdos depositados en su memoria, ...yo he visto cosas que nadie...,
reivindicando la exclusividad sobre ellos, ...y todo lo que he visto desaparecerá,
como lágrimas entre la lluvia... Sigo pensando que, aunque no adopten una presencia física, las experiencias de nuestros sentidos no nacen ni mueren con los órganos que nos las proporcionan. En lo que no confío es en la universalidad uniforme de las percepciones. Podemos definir lo que es amargo, lo que es dulce, lo que es luminoso, lo que es azul o lo que es áspero, y también distinguir si un sonido es melodioso, y estas definiciones, básicamente, son universalmente aceptadas. Lo que no es tan universal es el particular significado que nuestro sentido y nuestro entendimiento le da a cada percepción. Es más fácil que alguien nos reconozca en una fotografía, que el que lo hagamos nosotros mismos. Nosotros buscaremos en la imagen algo que los demás no saben que tenemos y por lo tanto no pueden ver, ni siquiera imaginar. Es a partir de nuestra interpretación de la experiencia universal y las consecuencias de nuestra reflexión sobre esa interpretación, cuando empezamos a interesarnos por algo. "Pintar hoy es un acto de resistencia que satisface una necesidad generalizada y puede crear esperanzas. ¿Sólo los pintores entienden
esto? No lo sé."
[3] EL PLACER DE LAS MIRADAS. LOS TRES APOSENTOS ...Lo que analizaba el artista no eran los fenómenos en sí, como el científico, sino su apariencia, los efectos que sobre él tenían...[4] De la misma manera que para describir un cuadro no es
suficiente hacer una lista de todos los elementos que aparecen en él,
no sería conveniente hablar del proyecto del Laboratorio de Luz
para el Espai dÁrt la Llotgeta iniciando un recorrido por la sala,
ni siquiera con la excusa de una descripción topográfica.
Bástenos con señalar que existen tres aposentos. En ellos
queda dividido el espacio, como "lo interior del ojo : los dos primeros
contienen un licor claro como el agua, que por esta razón se llama
humor aqüeo; detrás de él y enfrente de la pupila pende
el cristalino, que está encaxonado en lo que llaman corona ciliar,
casi del mismo modo que un diamante en un engaste; detrás del cristalino
está el último aposento , que contiene una sustancia muy
diáfana, llamada humor vítreo: por cuyos tres fluidos y
el cristalino pasan todos los objetos esparcidos en un vasto horizonte,
yendo a pintarse sobre la retina, que los transmite al alma." (2)
NOTAS El placer de ver |
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