| ROZANDO
EL VAGO USO DE LA LUZ |
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| Moisés
Mañas |
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| Publicado en Trato de la Luz con la Materia: Maribel Domenech y Margo Sawyer. Ed. Grupo de Investigación HUM-480 "Constitución e interpretación de la imagen artística" Universidad de Granada | |
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href="#" onMouseOver= Vídeo, holografía, ordenadores,
realidad virtual, redes digitales,... hipermedia, se nos plantean como
la deuda del cinematógrafo. A groso modo y no es poco, debemos
al cinematógrafo la noción del relato impagable de la imagen
en movimiento. Hoy y mañana pediremos que esa imagen tecnológica
que se comenzó a humanizar en los años sesenta para construir
Arte, nos sea reconocida como materia, por su naturaleza de transmisión.
Ante esto nos planteamos una vez más la relación umblical que McLuhan indicaba para la televisión con el individuo y que Baudrillard apunta a la computadora. ¿Cual es la diferencia que nos puede hacer comulgar con la sustancia fluida de la imagen?, ¿la transmisión? La respuesta podría estar en la naturaleza y comportamientos del cursor; la vaga materialidad de la interactividad. Frente a la máquina, que nos plantea un saber exponencial, un volver al punto cero tras la jugada, el individuo necesita sentirse capaz de poder demostrar la capacidad del hombre, la propiedad del saber acumulativo. Uno se encuentra constantemente frente a un reto en el que puede llegar a perder el prestigio y donde el poder del cálculo puede llegar a convertirse en un claro esquema de supervivencia. Podríamos observar dos posiciones que nos pueden llegar a interesar a la hora de plantearnos este proceso, la primera, definida por Sypille Krämer 1; donde la interacción humano-máquina se vincula con la experiencia lúdica,que está en la base de nuestra cultura; y la segunda, presentada por Simon Penny; que define el interfaz como el lugar donde la máquina encuentra a la cultura y al cuerpo. Las dos estan de acuerdo en lo siguiente: la interactividad, el primer paso hacia la materia-luz en las nuevas tecnologías, está vinculada y es consecuencia de la cultura. Esta situación heredera de la evolución de la transmisión, que mantiene actualmente una pobreza de diálogo entre el elemento y el individuo sigue martilleandonos la conciencia sobre cuál es la naturaleza de la materia en los entornos electrónicos. Inmersos en esta problemática de los nuevos medios interactivos, asentimos con el cursor de manera autodidacta. Intuimos, en código, el status del cursor frente al área de acción, comenzamos, como si de un ritual de apareamiento se tratara, acercándonos, merodeando, on mouseover, referenciando la materia con un simple texto, una imagen optimizada. Apreciamos cómo el icono cambia con la intervención del cursor. Vemos cómo el papel de la máquina de escribir, un objeto exterior, se convierte en prótesis. Permanecemos observando el cambio, de elemento especular ó difuso de lo físicamente cuestionable, a emisor virtual y contenedor de interfaces que a modo de calco nos invitan a creer en esa materialidad, en ese efecto de reflexión de la luz sobre ellos. No podemos pensar únicamente que la materia-luz es eso, un icono, sino que debemos pasar al siguiente nivel, a plantearnos si ésta no es, hasta ahora, un juego perceptivo del que no tenemos las reglas, a proponernos como Duchamp que el espectador hace la imagen y poder llegar a pensar que la imagen hace tecnología. </a> <a href="#" onMouseDown=Ahora, si tomamos la idea de que la imagen es hacedora de tecnología, ¿ qué requisitos tiene esa tecnología?, ¿es interactiva?. Según David Rokeby 2 , una tecnología es interactiva en el grado que esta refleja la respuesta de la consecuencia de nuestra acción o decisión .Por consiguiente una tecnología interactiva es un medio atraves del cual nosotros nos comunicamos con nosotros mismos, un espejo.El espejo, ese espejo que nos invita a reconocernos, a plantearnos nuestra nueva condición de figura. Esa figura que comienza a presentarnos la noción del fin del espectador según Baudillard 3. Cuando todos se vuelven actores ya no hay acción
ni escenario. Recapacitar sobre estas palabras nos lleva a pensar que, en el fondo, el fin de la ilusión estética sería un buen comienzo para plantearnos el concepto de la materia-luz en la tecnología. Un volver a cero, un saber exponencial, como antes citabamos. Con lo que materia-luz obtendría la naturaleza de mesías, un por llegar. Si esto que planteamos es así, ¿cómo podremos reconocerla?, ¿Cuándo entenderemos que estamos ante la materia-luz electrónica?</a> <a href="#" onMouseUp=Uno se plantea tras esto, que la naturaleza de esa materia-luz debe ser un modelo de estructuras abiertas. Un modelo donde la interactividad, como se entiende actualmente, no tiene lugar, un modelo que, retomando a Mc Luhan, no provoca a la mirada o a la admiración y que está relacionada directamente con el código, con el cálculo. Un modelo que no mantiene ningún apéndice físico, que no nos convierta en replicante sino en un habitar, de manera inconsciente con ella, en la que el sujeto está perfectamente realizado, se convierte en sujeto y no cunde el pánico, sino que se convierte en éxtasis de la comunicación.</a> 1. IdoiaGarcia, "Arte off-line y arte on-line: Artificio, juego y espectaculo" en Mostra d´Arts Electróniques 2000, Centre d'Art Santa Mónica, Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2000. 2. David Rokeby, "Transforming Mirrors:Subjectivity and Control in interactive Media", en Simon Penny, Critical Issues in electronic media, Ed. Simon Penny.1995 3. Jean Baudrillard, Pantalla Total , Ed. Anagrama. Barcelona. 2000
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